No hace mucho más de diez meses creé mi cuenta en Facebook. Por aquel entonces la intención era tan simple como comenzar a experimentar con esta red social y ver sus posibles usos empresariales. El uso que le he dado hasta ahora ha sido poco más que juguetear con algunos familiares, amigos y unirme a ciertas páginas de interés puramente personal. Las opciones empresariales resultaron de poco interés dado el enfoque de mi empresa y el tipo de usuario, generalmente joven, de Facebook, aunque la opción sigue ahí.
Anoche, sin ir más lejos, y tonteando con las opciones, menús, grupos, etc, se me ocurrió introducir el nombre de un antiguo compañero y amigo del colegio. Aparecieron pocos resultados y ninguno conocido. Pero, “vayaustedasaberporqué” probé otra combinación, esta vez con todos los apellidos y…
Allí estaba. Este SI era él. Mi mano dirigió temblorosa el ratón hacia la foto del perfil como queriendo obtener una versión ampliada que confirmara que aquella imagen era la de mi amigo. Después, y aún dudando de fuera cierto, directo a su perfil. Clic en “Amigos” y en su lista muchos más conocidos. Una foto en el muro termina de confirmar lo que me parecía imposible. 6 años teníamos en la foto. Hora de cenar.
La “interrupción” de la cena me dejó con ganas de más, tenía que ver, tenía que investigar más, tenía que localizar a los que reconociera. Y eso hice 2 horas después.
Hoy, los tengo organizados en una subcarpeta de “Favoritos” para, poco a poco, ir enviando mensajes y ponerme en contacto con todos los que pueda.
Creo que son 23 los años que han pasado, año más, año menos. Me ha dejado impactado poder encontrarlos después de tantísimo tiempo a buena parte de aquellos con los que compartí educación, experiencias, profesores, juegos, recreos, alguna aventura, primeras borracheras y gran parte de nuestra infancia. Facebook me ha traído recuerdos que tenía escondidos en algún rinconcito de la memoria. Nunca hubiera pensado que algo así pudiera ocurrir, tanto por el hecho de encontrarlos de la forma más inesperada como por el hecho del impacto y la sensación que en mi ha producido. Todos nacimos cuando la “informática personal” comenzaba su andadura, somos de una generación que ha visto nacer el CD y otras muchas cosas que ahora son normales y de las que todo el mundo habla. Pero a mi, ahora, me parece ciertamente increíble que un simple teléfono me permita enviar un mensaje a alguien que vi por última vez hace 23 años y que vive en EE.UU, Alemania o en Burgos. Que, además, me ha permitido emocionarme y recuperar recuerdos, casi casi, olvidados, y ver fotos subidas que seguramente mi madre guarde tan bien guardadas que no recordará dónde las puso.
Desde estas pocas lineas, un saludo a todos los que recuerdo, aunque no recuerde algunos nombres.